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Mundo Orientalizante en la Meseta Sur

Juan Pereira Sieso - Profesor Titular de Prehistoria UCLM

El inicio y desarrollo del fenómeno Orientalizante en la Meseta Sur no deja de causar una cierta sorpresa, ante evidencias arqueológicas que indican semejanzas tan notables con otros territorios del área tartéssica, como el valle del Guadalquivir, que sin duda deben ser matizadas por los diferentes niveles de información disponible hasta el momento. Llama la atención el que puntos del Valle del Guadalquivir y del Tajo, que presentan una cierta homogeneidad en el fenómeno de las estelas, tienen durante el Bronce Final prácticas funerarias distintas, que si en el caso del Tajo parecen continuar con modalidades tradicionales, en el caso del S.O. suponen un rompimiento con los comportamientos anteriores. Este panorama funerario de las comunidades indígenas tras el contacto e influencia del mundo colonial, va a presentar semejanzas tan elocuentes como las reseñadas, no solo en materiales, ajuares, estructuras y rituales, sino también en la constatación del mismo tipo de variantes básicas documentadas en distintos puntos del territorio.

Esta complejidad debió estar asociada a la distribución de determinados influjos, que en ocasiones se documentan de modo irregular y alternante, lo que se interpreta como la manifestación del carácter más o menos permeable de las comunidades indígenas, que iría ligado a distintos sistemas de producción económica y la gestión de sus excedentes productivos. La llegada, aceptación y reelaboración, según los condicionantes de cada comunidad, de estos influjos se desarrolló en un proceso dialéctico, en el que las respuestas que se generaban en el seno de los grupos indígenas condicionarían y modificarían los sucesivos procesos de contacto e interacción, que si en el Valle del Guadalquivir proceden del ámbito costero meridional, en los valles del Guadiana y el Tajo se debieron combinar con los procedentes de la fachada Atlántica. Algunas de las manifestaciones funerarias del periodo orientalizante, tanto en el territorio tartéssico clásico como en algunos sectores de su hinterland, parecen sugerir un escenario en el que en un periodo de tiempo relativamente corto, se produjeron distintos procesos de aculturación con un cierto matiz de convergencia formal sobre comunidades que empiezan a experimentar una mayor activación en la transformación de sus estructuras socioeconómicas que acabarán propiciando el surgimiento en estas comunidades de un nivel social de rango aristocrático.

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